Manifestar es pedir con claridad, sentirlo como propio y soltar el control.
Elegí un momento tranquilo, cuando el ruido baja, la intención sube. Prendé una vela, mientras esté encendida, este tiempo es para vos.
Respirá profundo tres veces y llevá la atención al cuerpo. La mente sigue al cuerpo, no al revés.
Ahora, formulá tu intención como si ya fuera real, no desde la carencia, sino desde la certeza. No “quiero”, sino “estoy viviendo”.
Ejemplo:
Estoy en una etapa de calma y abundancia. Me siento sostenida, clara y en paz.
Sentí esa versión tuya unos segundos, no la imagines perfecta: sentila posible.
Si escribís, hacelo sin corregir. El mensaje tiene que ser honesto, no elegante.
Cuando termines, agradecé, aunque todavía no lo veas. La gratitud es la firma energética del pedido. Quedate unos minutos mirando la llama, después, soltá.
Manifestar no es insistir, es confiar lo suficiente como para seguir con tu vida sabiendo que lo que pediste ya está en camino.
